Imbuido del eros de la arquitectura, Fernando Pérez le ha dedicado su vida a esa profesión, aunando, en un mismo esfuerzo de comprensión histórica y pulsión creativa, el conocimiento del pasado, la fascinación por el pensamiento teórico y los desafíos del proyecto que se plasma en obra construida. Siguiendo una tradición humanista, concibe al arquitecto como un ser ávido de saberes, incluso, en principio, apartados de su oficio. Pérez ha sido un hombre de amplio espectro, alguien que deambula por distintos aposentos de la cultura. Nacido y criado en el campo de Colchagua, conoció el shock de lo urbano, ha sabido conjugar lo contemporáneo con lo patrimonial, en base al concepto de simpatía material, y ha hecho suya esta frase del artista Christo: “el arte es un ligero disturbio de la realidad”. En esta conversación con el historiador Rodrigo Booth, Pérez ahonda en estas cuestiones y en otras, con una trayectoria de más de cinco décadas a sus espaldas